11 sept 2011

TRAZA Y MEMORIA


“En un mundo banalizado como el de hoy, pero inevitablemente nuestro, tan entregado al dinero y al lucro, hacer arquitectura al servicio del hombre es la manera de seguir siendo esa última figura de un humanismo para nuestra sociedad, pero además hacerla para crear esplendores de lugares posibles y de memorias retenidas para no perder el hilo de la historia.”
Del principio de la incertidumbre a la incertidumbre del principio.
Rogelio Salmona 2004

Como siempre ha sucedido en la mañana de domingo, los carros disminuyen su trajín y dan más espacio para los caminantes y sus mascotas, los deportistas y los niños. El centro de la ciudad adopta otro carácter en el que parece que volviera a sus orígenes por la calma del traspasar de las horas y la oportunidad de sentir las calles a una velocidad más cercana a la que le dan nuestras piernas. Ahora, se ajusta a los nuevos usos y a las nuevas formas de vivir, sin dejar de perder su fisonomía porque la ciudad y su arquitectura son el escenario cotidiano de la vida urbana.
Sin embargo esa mañana de domingo era una mañana muy diferente. Era probablemente el inicio de una nueva etapa de la ciudad; la visión está cambiando y la forma de sentirla también. La casa de la carrera 27 frente al centro comercial Galerías ya fue demolida. Este es un duro golpe para el patrimonio arquitectónico y urbanístico de la ciudad.
¿A quién se le ocurre que para transformar el centro en una parte de ciudad más amable, más cultural, más patrimonial, más peatonal, haya que atravesar una vía de cuatro carriles de transporte vehicular, perpetrando una cicatriz en medio del centro y desligando espacial y socialmente recintos y calles que han hecho parte de la “traza original” de la ciudad? ¿Qué clase de técnicos, arquitectos y urbanistas están definiendo esta ciudad, cuando el modelo urbano de las urbes para el automóvil quedó obsoleto hace años y hoy las administraciones y sus ciudadanos en muchos lugares del mundo están viendo florecer nuevas formas de “vivir” la ciudad, más compatibles con su condición humana? Solo una visión miope y obsoleta de urbanismo se atreve a tanto desacierto. Aquí, la ciudad de los tecnócratas ha prevalecido sobre la del humanismo. Esto es el reflejo de una sociedad banal.

En esa visión la plazuela de San Andrés dejará  de ser el recinto reservado de arquitecturas que mezclan su sabor a tapia y madera con ladrillo y concreto para convertirse en un lugar anodino como nunca lo ha sido. La hilera de casas de la calle 28 desde la 19, quedará aislada y “al otro lado del centro” como fragmento sin ser parte del todo. Su sentido “barrial” a pesar de su importancia para toda la ciudad se va desmoronado con el tic tac del reloj.
La “traza de la ciudad” es el primer elemento patrimonial y de la memoria, y esa traza tiene que ver con la configuración de las calles y de las plazas, de las plazuelas, de los parques, del espacio público en general. En Pasto esto no se entiende o no se quiere entender, y de allí la propuesta agresiva para la historia, para las posibilidades de vivir una ciudad con vocación cultural, con vocación patrimonial, porque uno de los segmentos de la economía local que ha sido y promete dinámicas sociales importantes es el cultural. Acciones urbanísticas como el proyecto de ampliación y renovación de la carrera 27 van en contravía de esa visión.
A los escándalos de corrupción a la orden del día que se padecen en este país, se suman las confusas y negligentes actuaciones de los funcionarios y contratistas responsables de temas como el manejo del Patrimonio. El Ministerio de Cultura y la oficina de Planeación Municipal comunicaron hace varios meses, que la viabilidad del proyecto de la 27, estaba sujeto a las decisiones del Plan Especial de Manejo y Protección de Centro. Hoy apenas se viene a presentar la propuesta de PEMP como requiriendo un aval para el exabrupto con nombre de socialización, y la ciudad asiste a la destrucción y demolición de buena parte de su memoria, avalada por el mismo Ministerio de Cultura. Las decisiones sobre ciudades como Pasto, se siguen tomando por personas que no conocen la ciudad, desde un escritorio en Bogotá.
La vivencia de la ciudad es posible a través de sus recorridos, y realizarlos peatonalmente en el centro, otorgan la posibilidad del encuentro casual, de los cambios de opción repentina, de la velocidad mesurada que el automóvil no provee. El conjunto de San Felipe, la casona Taminango, nos hablan de la memoria y del presente, que se hacen día a día con los ciudadanos. Bajar por la 26 hasta el Teatro Imperial y luego a la Catedral, se suman a las posibilidades de vivir en esta ciudad y no en otra, pues la diferencia justamente la hacen estos intersticios, estos elementos singulares que han hecho parte del tiempo en un lugar. Si en el recorrido se encuentra a un amigo, el pretexto de un café con empanada se vuelve la oportunidad ideal para la conversación cotidiana.
A los técnicos que han asesorado el Plan de Movilidad de Pasto esto no les importa, y a pesar de que la experiencia urbana en la historia de la humanidad tiene siglos, ellos no se han enterado que para llegar de un punto a otro la línea recta no es la única manera, argumento desde el cual se ampara la propuesta de hacer una avenida que una el oriente con el occidente de la ciudad -atravesando el centro sin importar su valor patrimonial y su configuración espacial-. Con esto se entiende mucho mejor lo que dice la sabiduría popular: la ignorancia es atrevida. El volumen de automóviles que pasará por el centro, si se hace la avenida, se aumentará varias veces respecto a los que hoy lo hacen. La avenida 27 va a atraer más automóviles al centro. Y no va a solucionar mucho la movilidad de la ciudad. Por el contrario va a aumentar los conflictos de uso y de saturación del centro. No hay que ser magos, ni urbanistas arribistas, ni arquitectos paquidérmicos para saber eso. Ese proyecto de avenida no lo contemplaba el Plan de Ordenamiento de la Ciudad, pero como muchos otros, fue introducido en ajustes al mismo a la fuerza, avalados por el Concejo Municipal y los funcionarios de turno.
El slogan de dos administraciones atrás era. “Pasto merece respeto”. Hoy cuando a la ciudad se la enfila hacia otro rumbo desconociendo su memoria, la historia dirá: “Pasto tiene lo que se merece”. Porque definitivamente es responsabilidad de los ciudadanos la configuración de su ciudad. Porque sus gobernantes, sus funcionarios y sus técnicos son en su mayoría ciudadanos que han vivido la ciudad y que si desconocen sus particularidades, su historia, su espíritu, están condenados a olvidar. Eso en una sociedad amnésica no es nuevo ni extraordinario. Mientras tanto los ciudadanos del común atónitos algunos, despistados otros, ven caer una a una las huellas de la memoria. Mañana no se hablará de serenateros, de cantores y de flores nocturnas, de trazas urbanas, de casas de tapia y de balcones… Así como ya estamos olvidando La Mocha, así como ya algunos ni siquiera pudimos conocer el antiguo Mercado o el Seminario, así como se desvanecieron las tertulias en el Manhattan, así como Pandiaco perdió su doctrinero recinto, así como perdemos nuestro sur porque nuestro norte ya se borró, así seguiremos si no se detiene nuestra ruina.
Pero tranquilos, mañana probablemente se hablará de una avenida que une rápidamente Obonuco con Aranda… ¿Para qué?... Aunque probablemente ni siquiera se escuchará lo que se hable, pues el ruido de los motores no dejará escuchar.
Además hablar ¿a quién si nadie escucha?
San Juan de Pasto, septiembre 7 de 2011

JAIME A. FONSECA G.
Director Departamento de Arquitectura.
Facultad de Artes Universidad de Nariño.

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